23 Ciberia

Isidre Estévez

 

Isidre Estévez

Dotado de un discurso divertido, inteligente e ingenioso, sabe poner a cada uno / cada cosa en su sitio. Un desconocido para muchos, pero un cronista muy bueno para los que le conocemos, que vale mucho más de lo que podría parecer a simple vista.


¿Qué hacías en 1995?

Hacía unos  años que había empezado a escribir en medios. Mi primer trabajo fue en el extinto Diari de Barcelona. En aquel momento trabajaba en una revista de moda del Grupo Zeta, Woman, y colaboraba en medios como Ajoblanco, La Vanguardia o El Periódico de Catalunya. Trabajaba como guionista para televisión y colaboraba con otros medios escritos. Poco después emprendería el proyecto de editar H Magazine, que cuando nació se llamaba Punto H. Y trataba de pasármelo lo mejor posible. De hecho, a veces me lo pasaba de muerte.

¿Y actualmente?

Tras un año sabático, he regresado a lo que venía haciendo los últimos años: comunicación corporativa y algunos planes inconfesables de momento. ¿Más aburrido que el periodismo? A veces sí.

¿Qué planes de futuro tienes?

Encarar la madurez disfrutando de lo que quede y mantener la dignidad mientras los nativos digitales llevan a cabo su plan de dominación del mundo.

¿Cómo ves tu pasado?

Como algo cada día más lejano, pero que, aunque ya no exista, me ha convertido en lo que soy ahora, para lo bueno y para lo malo.

¿Qué escuchabas en 1995?

Pues de todo, como ahora. Aunque es verdad que la electrónica de aquel momento suponía un reto constante para el oído, podías verla evolucionar de año en año y reconocías una producción que tuviera más de dos o tres años enseguida. Ahora no me pasa, aunque puede que eso sea porque se me ha atrofiado el oído o no estoy lo suficientemente al día.

¿Y ahora?

La edad no perdona, supongo, y ya no sigo con tanto empeño la actualidad musical. Nunca fui demasiado fetichista, y ahora me da igual el género o el artista. Me encapricho de canciones  o de artistas, menos de discos enteros, y para nada de géneros o estilos. Y escucho menos electrónica y más pop, rock o folk. Y mezclo mucho: supongo que es la influencia de lo digital y la plaga de Spotify, que por otro lado me parece un gran invento. Manifiestamente mejorable, pero un gran invento.

¿Cuál fue tu primer disco de electrónica que escuchaste/compraste?

Creo que el primero que compré fue, cómo no, Trans-Europe Express de Kraftwerk, pero de los primeros que me impresionaron podría citar también Dubnobasswithmyheadman de Underworld.

¿Y el último?

Psychic de Darkside, el alter ego de Nicolas Jaar. Y confieso que lo compré para regalar.

¿Prefieres live o sesión?

Si se trata de bailar y disfrutar de la música, una sesión. La conversión del músico electrónico en una estrella sobre un escenario no me parece mal en sí misma, pero creo que es consecuencia de una mimetización de las liturgias del pop, sobre todo propiciada por el marketing.

¿Músico o dj?

No creo que se deban hacer diferencias, siempre que hablemos de un dj cabal y no de un vulgar pinchadiscos.

¿Qué concierto/sesión destacas en estos últimos 19 años?

Arrea. Han sido miles, así que elegiré uno casi al azar: el live de Orbital en aquella especie de carpa cutre montada en Montjuïc en la edición de 1995 del Sónar, la segunda si no recuerdo mal. Orbital no está entre mis grupos favoritos, pero reconozco que aquella actuación tuvo algo especial. Quienes estábamos sentimos algo parecido a lo que debieron sentir los cristianos romanos al dejar las catacumbas y convertir el Panteón en una iglesia cristiana. Algo de eso había.

¿Un grupo?

Radiohead. A pesar de todo, Radiohead.

¿Un dj?

Jeff Mills.

¿Un disco? 

The Middle of Nowhere de Orbital y Amnesiac de Radiohead

¿Un club/sala de conciertos?

Como club que resume cierta mitología del techno bien actualizada, Berghain en Berlín. En Barcelona, ciudad de pequeño formato para estas cosas, ciertas noches de Macarena aún merecen la pena.

¿Un sello discográfico?

Warp Records.

¿Tu tienda de discos?

Mentiría si citara alguna como si fuera un comprador asiduo. La última en la que puse el pie fue Rough Trade en Londres, y la última que visité habitualmente fue Verdes Records en Barcelona.

¿Tu estilo musical?

Depende del momento, absolutamente.

¿Qué opinas del dance?

Que muy bien. Yo ya bailo poquito.

¿Vinilo, cd o mp3?

Como formato me quedo con el vinilo, pero en realidad me importa tanto como si leo un libro con tapa dura o tapa blanda. Lo esencial no es el soporte, sino el contenido.

¿Qué medios musicales leías/lees?

Por mor de mi trabajo los leía casi todos. En esa época leía Rockdelux, Mondo Sonoro, AB, Disco 2000, Self (claro), y otras de tendencias que fueron incorporando la electrónica con normalidad, como H Magazine, en la que trabajé en sus inicios. También leía revistas americanas como Spin o Rolling Stone, e inglesas como NME o Q.

¿Te interesa la literatura que ha generado la música electrónica?

En ficción no he leído piezas demasiado destacables más que aquellas en las que tiene un cierto protagonismo, como el caso de la narrativa de Irvine Welsh. En lo ensayístico sí que creo que generó piezas importantes, sobre todo en el Reino Unido, con textos como Cultura y Políticas de la Música Dance de Jeremy Gilbert y Ewan Pearson. Aquí hay honrosas excepciones como Loops, la ya clásica recopilación coordinada por Javier Blánquez y Omar Morera. Y la reciente biografía de Sideral escrita por Héctor Castells me ha parecido una pieza notable. Pero creo que la música electrónica ha influenciado más a la poesía que a la prosa. Y en el cine o la televisión sí que se ha convertido en parte sustancial de la narrativa audiovisual contemporánea. 

¿Vas a algún festival?

Suelo ir al Primavera Sound, y a veces al Sónar, pero no tengo ya energía o curiosidad para tragarme el programa completo.

¿Qué opinas de la escena electrónica nacional del 95?

La electrónica estaba consiguiendo hacerse un hueco de respetabilidad en un entorno musical que la miraba con desdén, y la asociaba todavía a contextos tan poco edificantes como la ruta del bacalao valenciana. El Sónar se empezaba a afianzar, pero en los medios respetables (o mainstream, como se quiera) se le dedicaba menos espacio que a las fiestas de Gràcia El género evolucionaba a toda velocidad, tanta que aquí casi no daba tiempo a digerir los cambios. Barcelona se había entregado en su modernidad al nuevo evangelio electrónico, mientras que Madrid se apegaba a los sonidos indie. Fue un momento divertido, de transición y seminal, eso sin duda.

¿Y de la de 2014?

Por lo que me llega, parece mucho más madura y con más talento y técnica que nunca. Aunque el hecho de que el género haya entrado en una especie de loop estilístico perjudique a la nueva generación. Y anticipándome a la siguiente pregunta, la crisis de la industria musical y la ausencia de su pirotécnico aparato promocional hace que no destaquen los que podrían ser primus ínter pares.

¿Qué opinas de la 'crisis' de la industria musical y su incierto futuro?

Supongo que es una putada por los puestos de trabajo que se han perdido, por el ocaso de una era en la que las discográficas invitaban a la prensa a viajar en jet privado de Barcelona a Zaragoza para ver un concierto de Héroes Del Silencio (me llegó a pasar eso, sí) y por la pasta que dejarán de ingresar los capitostes del negocio, y también los músicos. Por lo demás, todo bien. La industria musical tal y como la conocíamos ha desaparecido, pero la música sigue ahí. Para mí es un arte por encima de una industria, y la música como arte está más viva y accesible que nunca.

¿Qué destacarías en el mundo de la música en estos últimos 19 años?

Por encima de todo la democratización de los medios de producción y distribución. Un milagro provocado por un solo factor: la tecnología.

¿Qué triunfará musicalmente este año?

Tras el apocalipsis de la industria musical, que cayó en parte por tratar de formular vaticinios fallidos, yo prefiero callarme y que me lo cuenten al oído los propios músicos con su obra. Pero triunfar, lo que se dice triunfar en el sentido comercial y tradicional del término, no creo que muchos.

¿El futuro de la música está en la electrónica, o en otro estilo?

El futuro de la música está en la mente de los músicos, los estilos son coyunturales, pero no sustanciales. 

¿Un músico vale más que 100 djs, o viceversa?

Viceversa, y todo lo contrario. Un buen DJ es un buen músico, sin más.

¿El futuro ya estuvo aquí o seguimos en la Edad Media?

Algunas ideas sobre el futuro llegaron, y quedaron atrás. El futuro existe tanto como existe el pasado, es decir, nada. Sólo existen nuestras ideas sobre el futuro, y los vaticinios casi nunca se cumplen. Yo soy de una generación que creció con la idea de que en el año 2000 las ciudades serían como las de Blade Runner, que viajaríamos en vehículos voladores, y ya ves. En cambio no nos dijeron nada de Internet. En ese sentido la Edad Media no es una época, sino una idea. Una idea que acecha siempre, a juzgar por lo que está pasando en este país y en medio mundo. 

 

Orbital The Middle of Nowhere (FFRR/Dro East West)

Diez años han pasado desde que los hermanos Paul y Phil Hartnoll iniciaron su carrera artística. Durante este tiempo no han caído en la tentación de distraerse con digresiones pasajeras en el drum and bass o el speed garage, como tantos otros coetáneos suyos, sino que se han aplicado en su personal fórmula de música dance cerebral, fluida e intuitiva. En su último trabajo, sin embargo, ese camino personal les ha llevado a coquetear con una especie de revival sinfónico en Spare Parts Express, o ensayar insertos célticos en Style. Discutibles experimentos que hay que perdonarles en nombre de su libertad artística, que han aplicado de forma más afortunada en las vueltas de tuerca al breakbeat que nos regalan en Nothing Left o la paranoide y metálica I Don't Know You People. El nuevo disco de Orbital no es un trabajo tan redondo como su memorable In Sides, pero demuestra una vez más que este fraternal dúo tiene ideas propias, y consiguen traducirlas en sonidos de misteriosa belleza. (H Magazine, 1999)

 

Radiohead Amnesiac (Parlophone/EMI)

Tras entregar al mundo álbumes tan hiperbólicamente influyentes como The Bends o OK Computer, las neuronas de Thom Yorke y compañía estuvieron a punto de decir basta. Más de un año de comeduras de coco en el estudio fructificaron en Kid A, un trabajo que el año pasado reiteró las alabanzas de la crítica, pero puso nerviosa a su discográfica ante la sobredosis de experimentalismo (para un grupo pop) que derrocharon en su afán de mantener la credibilidad. Con Amnesiac, Radiohead nos entregan un disco atrancado entre la necesidad de regresar a un pop más digerible (con las multis no se juega) y la voluntad de mantener enhiesta la bandera de la vanguardia sonora. El material procede sobre todo de las sesiones de grabación de Kid A, aunque hay que reconocer que no es un simple rescate de temas desechados. Puede que Radiohead se haya convertido en un grupo errático y a ratos relamido, pero si dejamos que el láser se deslice suficientes veces sobre los ceros y los unos, iremos descubriendo que bajo algunos excesos de divagación se esconden piezas que conservan la vibración lírica y la capacidad empática que han hecho de ésta una banda imprescindible. No han vuelto las guitarras en la forma que algunos esperaban, pero sí la emoción y la lírica descarnada. Simplemente el vigor de temas como I Might Be Wrong, Knives Out o Pyramid Song hacen de éste un álbum necesario. Radiohead siguen en forma, aunque ya no sean la banda más cool del mundo. (H Magazine, 2001)